La evaluación del rendimiento fotovoltaico se basa en el análisis crítico de los datos monitorizados, que suelen incluir la producción de energía, la irradiancia, las mediciones meteorológicas, los registros de disponibilidad y los registros operativos. Un primer paso esencial consiste en verificar la integridad y coherencia de los conjuntos de datos disponibles y del sistema de adquisición de datos (DAQ). Esto incluye la identificación de los datos que faltan, los problemas de los sensores, las lagunas de comunicación y los valores no físicos, lo que garantiza que los análisis posteriores se basen en datos fiables.
Una vez establecida la calidad de los datos, se calculan indicadores de rendimiento para caracterizar el comportamiento del sistema a lo largo del tiempo. Estos indicadores se seleccionan e interpretan con cuidado, teniendo en cuenta las condiciones del lugar, los regímenes de funcionamiento y las limitaciones de las mediciones. Entre las métricas más utilizadas figuran:
Más allá de los indicadores de alto nivel, el valor fundamental de la evaluación del rendimiento fotovoltaico reside en comprender el origen de las desviaciones de rendimiento. Se llevan a cabo análisis detallados de Detección y Diagnóstico de Fallos (FDD) para identificar y cuantificar las fuentes específicas de pérdida de energía. Esto puede incluir, por ejemplo, el impacto del sombreado, la suciedad, la degradación, el recorte del inversor, los recortes o los periodos prolongados de indisponibilidad. El objetivo es distinguir entre artefactos de medición, hipótesis de modelización y problemas reales del sistema que afectan a la producción.
Cuando procede, se utilizan análisis de rendimiento para respaldar los hitos contractuales y los procesos de aceptación. Esto incluye la verificación de los criterios de rendimiento asociados con el Certificado de Aceptación Provisional (PAC) y el Certificado de Aceptación Final (FAC), basándose en datos medidos e indicadores de rendimiento coherentes.
El resultado de la evaluación del rendimiento fotovoltaico es una comprensión clara y técnicamente justificada del funcionamiento del activo, respaldada por la cuantificación de las pérdidas de rendimiento y la identificación de las causas subyacentes. Esta información puede utilizarse para respaldar las pruebas de aceptación, la optimización operativa, las acciones correctivas o las decisiones transaccionales, y sigue siendo complementaria a la Evaluación del Rendimiento Energético, que se basa en la modelización y no en el rendimiento medido.